Seré una equilibrista de tres al cuarto. Las equilibristas suelen ser altas y delgadas, visten bonitos maillots y saben caminar en el aire. Siempre sonríen y nunca se les ve tristes. Además, viven en el circo. Pero no en el triste circo que tenemos el placer de conocer el resto, sino en un circo de verdad, como Dios manda.

Yo intentaré imitarlas en el maquillaje y en algo más; jugaré con las ilusiones de los niños y las niñas para que ese día sonrían.

El sumatorio de unas planchas de cartón, unos cuantos botes de témperas, otros tantos pinceles, aerosoles de arco iris, papeles de periódicos, cuatro trapitos, creatividad, tiempo y dedicación, junto con algunas nociones de como situarse frente a los infantes, dan por resultado; “El gran circo de Ealandia”.

Equilibristas, payasos, ilusionistas, malabaristas, animales…

Todos llegaremos allí, levantaremos nuestra carpa al alba y la quitaremos con el sol del mediodía.

El señor de barbas que fue manco, escritor y que además viste pomposos y avolantados baberos, se pasará a saludarnos. Sin embargo, debería saber que nuestra obra no tiene nada que envidiarle a su “Quijote”.

Sábado 10 de mayo de 2008 a las 11:00 am. Plaza de Cervantes (Alcalá de Henares).

 

 

 

 

 

En una gruta oscura y techada por húmedas estalactitas, una joven de cabellos oscuros solloza con los brazos y el rostro escondidos entre las piernas.
El sonido de su dolor llama la atención de la ninfa de la cueva, que sigilosamente se acerca a la muchacha procurando no asustarla.
De la melena negra afloran un par de grandes ojos verdes. Parecen dos guisantes recien pasados por agua.
-¿Que te ocurre?-pregunta la ninfa con interés-¿por qué lloras?.

- Porque estoy triste, triste y desolada.

- Eso ya lo veo, ¿pero a qué se debe?

- Quiero escribir un cuento lleno de fantasía y color y no logro encontrar ni las ideas, nis los personajes, ni las palabras adecuadas para ello. Tan sólo se escribir sobre lo terrenal, sobre lo que es de verdad, sobre cosas vacías de alegría.

Deseo escribir no sobre lugares, sino sobre escondites encantados que nadie pueda ver. No me interesan las personas, sino todas aquellas cosas que nunca existieron ni existirán, y que tan sólo yo daré vida con la tinta y la celulosa.

¿Por qué soy desdichada y no logro hacer florecer mi intelecto con estas hermosas historias que no tienen ni pies, ni cabeza, ni sentido alguno, pero que por eso mismo son llamativas para mí?.

¿Quizás tú, oh bella ninfa, podrías mostrarme la dirección que debo tomar para hallar el camino hacia la fantasía y la magia?

La ninfa se incorporó pensativa y tras un breve instante chasqueó los dedos de la mano izquierda, apareciendo y posándose sobre esta una pluma estilográfica.

Del mismo modo chasqueó los dedos de su mano derecha y un cuadernillo de pastas azules ocupó su lugar en ese lado.

- Los caminos no existen, los construyen quiénes tienen deseos de echar a andar.

Sin más, sonrío y desapareció entre las rocas moviendo velozmente sus alas y dejándole a la chica la pluma y el cuadernillo.

Esta siguió sus sanos impulsos innatos, y tras enjugar sus lágrimas movió a un lado las pastas, quitó la funda de la esbelta pluma y comenzó a escribir.

Tras unos minutos, la gruta comenzó a temblar como si se tratara del preludio de un terremoto. Nuestra lúcida amiga seguía absorta en su escritura como si no sucediese nada a su alrededor.

Las rocas comenzaron a resquebrajarse y de debajo de la caliza aparecieron grandes terrones de azúcar. El suelo de transformó en polvo y fue absorbido por una reluciente y rojiza capa de caramelo sólido.

Desde lo más alto de la cueva comenzaron a caer con fuerza cascadas de jugo de sandía formando un extenso y frutal lago.

Gatos de angora en colores rosa y verde pastel con alas de murciélago daban brincos y piruetas, y sus maullidos eran sustituidos por pompas de jabón.

En el lago apareció un pequeño y simpático velero de chocolate blanco dirigido por una tripulación de cucarachas flamencas del noroeste de europa que no hablaban ni gritaban en holandés, sino que interpretaban cantos líricos en un idioma nunca antes escuchado; fusión del italiano, el portugués y el sofisticado inglés británico. Iban ataviadas con trajes de lunares y zapatos de tacón al más puro estilo español.

La oscuridad fue sustituida por una luminosidad proporcionada por luces blancas y parpadeantes como si de unos focos de discoteca se tratara. No estaba muy claro de dónde provenían, pero poco importaba.

De pronto un inmenso trailer de 50 metros de longitud se adentró en la gruta…¡apenas cabía! Estaba conformado por diamantes, rubíes, amatistas y demás piedras preciosas que la imaginación de nuestra amiga pudiera añadir. Era conducido por un koala hiperactivo que no podía parar de contar chistes verdes y que no le gustaba bañarse los jueves después de la merienda.

Las puertas del trailer se abrieron solas y un centenar de margaritas besuconas con grandes labios y plantadas en sus macetas salieron dando vueltas como torbellinos. Creaban corrientes de aire que olían a jazmín y a chicle de menta y eucalipto.

Del techo y hacia el suelo, comenzaron a descender lianas de nudos de seda china y poliester, y un ejército de bollicaos integrales rellenos de vocales comenzaron a descender y a poblar la renovada y alocada gruta. Los panecillos comenzaron a expulsar las letras al exterior. Su objetivo era formar palabras pero ¡oh! faltaban las consonantes.

Del lago de sandía surgió un afluente de té de canela. A su vez, de este riachuelo, salieron a la superficie unos extraños seres que no eran parecidos ni a las estatuas griegas, ni a los duendes, ni al vecino del tercero ni a los peces voladores con escamas doradas, pero sí que sabían hablar en latín, vestían ajustados monos, no paraban de fumar cigarillos con aroma a arroz con leche y les encantaba mover sus aletas.

Pero por lo que realmente eran importantes estos peculiares seres, era porque poseían la capacidad de emitir con sus largas trompas paquidermas las consonantes que tanto necesitaban los dietéticos bollos. Por este motivo, y no porque fueran campeones del mundo en saltar a la comba, fueron valorados por todos los allí presentes. A partir de aquí, se juntaron las letras y surgieron las palabras.

Palabras de las que empezaron a crecer amapolas. Algunas reían, otras filosofaban, pero la mayoría de ellas eran tímidas y optaban por deleitarse con los cánticos de los insectos naúticos o las acrobacias felinas.

Finalmente, la banda de indígenas de las junglas de Urano ocuparon su lugar después de entrar por el mismo sitio desde el cual lo había hecho el lujoso camión, y con sus trompetas de licor, flautas andinas, tambores de fieltro, platillos de algodón y violines elásticos pero con cuerdas de cristal, entonaron el himno nacional del país de los que sobreviven sin saber lo que es visualizar una película doblada a ese idioma antiguo que ya todo el mundo ha olvidado pero que aún sigue en nuestros corazones de gelatina de manzana.

De pronto, las nueve menos veinte horas sonaron en el reloj de la cueva y todos sintieron la imperiosa necesidad de ir a ver el telediario de las causas perdidas a medias. Así que todos fueron desapareciendo en el mismo y estricto orden en el que habían aparecido, y las rocas se dieron las buenas noches antes de cerrar los ojos.

La oscuridad volvió a poblar el lugar. Ella cerró su cuadernillo satisfecha, pero con ganas de seguir un poco más. Total, el día que empezaba era festivo y podía permitirse trasnochar.

Además, la ninfa aún no había venido a indicarle que era la hora de cerrar la gruta, por eso volvió a abrir rápidamente el fino baúl en el cual depositaría sus nuevas historias y prosiguió escribiendo.

Una guitarra eléctrica de plástico transparente y sonrisa seductora se sentó a su lado dejando un tablero de ajedrez con piezas de goma de borrar (había que tener especial cuidado con las blancas pues eran unas tramposas y siempre borraban las jugadas de sus apagadas y despistadas contrincantes).

-¿Jugamos?-dijo la guitarra con una melodía felizmente acorcheada.

- Sí, aunque debes saber que yo soy realmente buena en esto del parchís- respondío echando su lisa melena hacia atrás para evitar que le entorpeciera la visión, y poder seguir creando caminos eternamente con su pluma.

 

 

 

 

El paisaje es visualmente como el de un buen cuadro realizado por un magnífico pintor, y será descrito como el de una novela, no tan buena.

Es penumbroso. Helios se está despertando con ojos legañosos y ha posado los piés en la suave y mullida alfombra grisácea.

Hermosas extensiones territoriales que batallan entre las esperanzadas praderas y las doradas estepas, lavan su rostro con el agua de esbeltos riachuelos que me saludan con un animado resplandor.

Los valles, van juntos de la mano con orgullo y altivez, maquillados con sombras que son difuminadas por brochas de alcornoque primero, y olivo un intervalo de tiempo después.

Helios logra por fín desperezarse del todo, y su visión empieza a bañarnos.

Transición de flora, cambio, transición de sentimientos, cambio, transición de tiempo, cambio, transición de ciudades, cambio.

Mis ojos se maravillan ante tanta fría variedad abrigada de belleza. Aún no he llegado, ni vivido y ya sé lo que escribiré. Cambio.

Voy volando. Dejo atrás al cemento, los ministerios, el anís y los garbanzos. Mi corazón está corrompido por el gasoil y las vocinas humanas. Cambio.

Me poso suavemente.

Hoy Cronos se siente triste, pues no consigue la paz en sus cielos. Parece ser que al final la lluvia vence a Helios. Cambio.

A mí no me importa. Las gotas de lluvía caen y se acumulan en mi corazón, destiñéndolo primero y limpiándolo después. Cambio.

Un último aleteo me permitirá alcanzar mi destino final; allí en el que hallaré la felicidad. Cambio.

Un hombre rebautizado: Cambio.

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Heme aquí, ente de vivencia inferior al cuarto de siglo, progesteronado y estrogenorado, llegado de tierras webianas lejanas y cercanas a la vez, con una única intención: la metamorfosis.

Cambia lo que, desde fuera, todos pueden ver, pero estáticas siguen las corrientes que se mueven en mi interior;  esas que me levantan y me tumban, que me airean y me asfixian, que me dejan mirar hacia adelante y me ciegan por lo violentas. ¡Que incongurencia!.

Muy a menudo, esas ¿estáticas? ráfagas se quedan sin espacio y sienten la impetuosa necesidad de salir fuera de mí, salir a lo que los demás pueden observar.

Toman cuerpo en forma de letras; de vocales y consonantes, se transforman en sílabas, en palabras, oraciones sencillas y oraciones más complejas, párrafos…textos.

Y ahí quedan; mis ventíscas interiores se materializan en blog. Al igual que las edades quedan enmarcadas en bonitos marcos, mi yo queda inmortalizado en este espacio.

Espero que tú, seas quien seas, lo disfrutes.

Gracias por venir y vuelve cuando quieras.

“Estas últimas semanas ha recobrado fuerza el debate acerca de la legalización de la prostitución. Se trata de un tema altamente conflictivo en que diversas voces se enfrentan y entrelazan llenas de pasión. Ni siquiera al interior de los grupos que intervienen en la discusión parece haber consenso.

Un asunto, al menos desde mi perspectiva, mínimo y elemental es escuchar las voces de las prostitutas. Y, si bien algunos medios informativos han permitido al público acercarse a sus perspectivas y opiniones, pareciera que siguen siendo intervenciones secundarias en relación a las de políticos, autoridades académicas y otras.

No es mi pretensión, por lo tanto, sumarme a las voces que se sienten autorizadas a plantear una verdad en torno a la adecuación de legalizar o no la prostitución, sino plantear cuestionamientos sobre uno de los argumentos más esgrimidos en relación al ejercicio de la misma: la explotación del cuerpo.

Es usual escuchar que las prostitutas venden su cuerpo y es esto lo que se dirime como aceptable o no. Detrás de este argumento tan “racional”, por supuesto, hay muchos elementos afectivos, morales y normativos que no siempre se hacen explícitos. Aún así, el aspecto argumentativo y lógico de esa afirmación es, cuanto menos, sesgado.

Si “vender el propio cuerpo” fuera la cuestión de fondo, entonces, muchos (¿quizás todos?) los trabajos podrían ser objeto del debate legal/ilegal. ¿Quién no trabaja vendiendo su cuerpo? ¿No “vende su cuerpo” el obrero de la construcción que carga pesados elementos, camina en vigas a muchos metros de altura y se arriesga diariamente a morir o a tener accidentes? ¿No lo hace la secretaria que pasa horas frente a un ordenador arriesgándose a padecer, con el tiempo, dolores en las manos por daños al nervio metacarpiano y lumbalgias? ¿No vende el cuerpo el minero que llena sus pulmones de elementos tóxicos y que puede quedar atrapado en un desprendimiento de tierra? ¿y el estibador que levanta cargas, y la auxiliar doméstica que friega con la espalda doblada muchas horas, y…? Bien, no ejercen sus trabajos en la desnudez de sus cuerpos. ¿Ese es el punto? ¿O se trata más bien de que el contacto con otro cuerpo, otra persona, es más agresivo que el contacto con un objeto o una máquina?

Quien trabaja con objetos lo hace también para una persona (o personas) detrás de ese objeto, para que otros y otras lucren o disfruten usando menos su propio cuerpo. Si el problema es la relación física o psicológica abusiva posible entre quien vende y quien compra, la solución no parece ser proscribir la actividad, sino regular su ejecución para disminuir las posibilidades de abuso y permitir la denuncia de un trato que resultaría delito.

Lo que, en buena medida, enreda este debate sobre legalizar o no la prostitución tiene mucho que ver con nuestra cultura judeo-cristiana que separa cuerpo/mente, que nos dicotomiza y hace del cuerpo un elemento con características de tabú. Por un lado demasiado cercano a lo animal, mundano y “cárcel del espíritu”, opuesto a lo que de verdad vale y somos: “lo interior”. Pero, por otro, el cuerpo, como contenedor de esto espiritual y, por tanto, sagrado, noble, templo. Es más, me parece que hacemos un razonamiento metonímico (tomando una parte por el todo). Cuando se habla del cuerpo en temas relacionados con la prostitución, el cuerpo “es” los genitales. Como si la espalda, las manos, los hombros, los pulmones, no fueran cuerpo y ni siquiera notáramos que los vendemos cuando trabajamos.

Es nuestra relación ambigua con la sexualidad la que genera muchas de las dificultades en este debate: lo animal en nosotros, lo trascendente en un acto sexual entre personas, un “acto de amor”.

Cuerpo y sexo, sexo y reproducción, sexo y amor, sexo y placer, sexo y género… porque cada vez son más los hombres que se dedican también a esta actividad, pero no es sólo su menor número sino también los concepto de “lo masculino” y “lo femenino” que se activan en nuestras reacciones frente al tema. Lo que hace y no hace una “buena mujer”.

La esclavitud y la explotación son problemas graves en cualquier actividad; en este tema, la situación de la prostituta, lo grave es que, obligada por otras personas, haga lo que no desearía hacer para mantenerse viva. Otro análisis merece la situación de aquella mujer que, dentro de escasas –o no- posibilidades, escoge ejercer la prostitución. Todas y todos doblegamos nuestra voluntad en múltiples ocasiones para conseguir algo que valoramos más que hacer lo que deseamos (vamos al dentista aunque nos causará dolor porque nos evitará males peores, hacemos dietas aunque quisiéramos comer porque nos parece más importante adelgazar, etc.); esta valoración es personal y merece respeto. Sin embargo, es muy diferente que otra persona dirija la propia voluntad por extorsión, amenaza o violencia.

No se deben confundir ambas situaciones, aunque la distinción no siempre sea sencilla.

Sólo si intentamos descubrir y analizar nuestras creencias y normas culturales antes de declararlas “verdades” podrá haber un debate fructífero en relación a la prostitución que nos permita escuchar a las prostitutas desde el respeto en lugar de la arrogancia paternalista”.
Flavia Limone Reina

Fuente: Página personal de la psicóloga Flavia Limone Reina: http://www.sexoygenero.org/indexpersonal.htm 

Este año, la ciudad de Madrid acoge un evento cultural muy destacable desde mi propia visión: El 10 ° Congreso Internacional de “Mundo de mujeres”, que tendrá lugar en Ciudad Universitaria (U. Complutense de Madrid) los días 3,4,5,6,7,8 y 9 de julio de 2008.

Se celebrarán conferencias de caracter científico , humanista y feminista, ferias artesanales, de libros, habrá danzas del mundo, gastronomía…etc. Todo desde una perspectiva femenina.

¿El objetivo? concienciar a la población global de la importancia de la igualdad de género.

Fomentar el deseo de eliminación de las barreras y muros de injusticia y odio que existen entre hombres y mujeres, a través de la información, y hegemonizar en relación a este punto los derechos humanos por encima de cualquier otro tema.

 Las diferencias culturales y étnicas siempre “sonarán” de fondo en este acontecimiento que cada ocho años se celebra en una ciudad diferente del globo.

Esta edición nos ha tocado a nosotros, y creo que debemos aprovecharlo y acudir.

Por cierto, a los alumnos de la complu además nos hacen descuento en la entrada y nos convalidan 2 créditos de libre configuración ;) .

Más información en:  http://www.mmww08.org/index.cfm?nav_id=51

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Ella es joven. Probablemente sea bonita, risueña, pícara y hasta inteligente, pero su mayor defecto es su radiante juventud.

Una juventud que interiormente le tiñe de verde a pesar de la palidez externa que denota su piel.

Todo el mundo le engañó, confundió y entorpeció haciéndole creer que esa juventud era una bendición. Sin embargo, pronto la pesada losa de una vivencia escasa cayó sobre ella.

Pensó que sería capaz de confundir a todo aquel que se pusiera por delante con sus vivos y brillantes ojos, y su boquita de fresón primaveral.

Del mismo modo, estaba plenamente convencida de que el reflejo de sus cabellos oscuros cegaría todo tipo de visiones.

Ayysss pero que errada estaba ella…Si bien es cierto que la carne hipnotiza, no atonta o desorienta del todo, por muy apetitosa que pueda resultar.

Se empeñó en seguir derramando dulces y embriagadoras palabras como si de un chorro de azucarada jalea real se tratara. Debajo de aquel gramatical oro líquido había mucha amargura y acidez.

Ahora ella lo sabe. Sólo el golpe de aquel fruto maduro en su cabeza pudo hacerla pensar con claridad y despojarla de su ingenuidad.

Hoy, por tanto, es un poco menos joven, y sabe que cada día que pase lo será menos, en este caso para su suerte.

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De la misma forma que ayer la gruesa lana cubría su cuerpo, y hoy el sol colorea sus brazos denudos, su corazón estaba destemplado, y hoy vuelve a bombear oleadas de calor.

De igual modo que las flores ocultan su belleza y sensualidad durante la estación gris, y cuando llega el verde manto, reaparecen con sus exóticas y radiantes apariencias, él hoy renace con una natural frescura cual flor Pasionaria.

Cierra los ojos y levanta su cabeza hacia el cielo. Las sombras del invierno nos apagan, pero la que, ahora de pronto por arte de magia, no le deja recibir las virtudes de Helios, no sólo podría encenderle, sino consumirle. Abre los ojos y sonríe.

Coje su mano de largos y estilizados dedos, como el impaciente niño que tira de las ramas bajas del manzano para arrancar el fruto.

Él, por el contrario, desearía arrancarle las caricias que le procesa ahora en su rostro y guardárselas para siempre en el bolsillo de su alma.

Agarrarse firmemente a su tronco, en absoluto uniforme como el de un arbol, pero sí de tacto exquisito, además de foco de innumerables sensaciones y sentimientos.

Vivir por siempre bañado en los inmensos mares de sus ojos; tan cristalinos, tan misteriosos.

Y hacerse un cálido abrigo con sus rebeldes pero fuertes cabellos para no olvidar su embriagadora esencia cuando retorne el frío y esté lejos de allí.

Es 18 de abril, pero podría ser el 7 de febrero, que poco importaría…No es la primavera, es el amor

Lo del transporte público en Madrid, es sin duda toda una anécdota.

Los habemos, que no tenemos coche (y que tampoco sabriamos conducirlo) y tenemos que hacer uso de este, nuestro servicio estatal (más nuestro que del Estado) para desplazarnos de aquí para allá y de allá para aquí.

Cuando cojo el metro, a veces me imagino que vivo una realidad muy diferente a la que realmente procesa mi cerebro.

Me hace gracia pensar que todas y cada una de las personas que estamos allí, somos polvos. ¡No!, no me refiero a que todos los hombres y mujeres usuarios del metro nos fusionemos en una macroorgía, sino a la analogía entre un vagón de metro y una cápsula; todos juntos y comprimidos.

Somos ingeridos en la “boca” de “Canillejas” para ser cagados con el efecto diarrea en “Gran vía”: de sopetón, a toda velocidad y prácticamente sin previo aviso.

Henos allí; el ejecutivo con la cara empotrada en la carpeta de la rubia y “empotada” universitaria que estudia empresariales y repasa sus apuntes apoyados en el clasificador, la treintañera madre ecuatoriana con un carricoche dentro del cual pueden llegar a figurarse dos pequeños y oscuros ojitos rasgados envueltos por una bufanda, un gorrito de lana y un mini abrigo azul y rojo.

A sendos lados del medio de transporte infantil, van las dos hermanas gemelas con sus uniformes escolares y sus trenzas “al estilo indígena” perfectamente recogidas (ni un pelo queda suelto).

La jefa de departamento con sus tacones imposibles, el hombre ojeroso, el joven skater adherido al Ipod, los estresados, las lectoras, los que sonríen, las que se desesperan, los que saben que todo está por empezar y las que saben gustosamente que por hoy, todo ha terminado, los que van de pie, las que van sentadas, los murmullos, el calor y el frío, los olores (unos más próximos al extremo Cacharel, otros más al Eau’d Tigretón)…

La cápsula se detiene y sus puertas se abren. En este momento me gustaría vivir y sentir lo que sólamente pueden permitirse las estrellas del rock: lograr vencer la batalla contra la marabunta humana, alcanzar el banco más próximo a la salida del vagón, subirme, colocarme de espaldas con los pies en el borde, y dejarme caer sobre las cabezas de mis ex-compañeros capsulanianos. A continuación, me  dejaría llevar suavemente por esa acelerada marea en las escaleras mecánicas, los largos pasillos y los trasbordos entre líneas, para terminar saliendo a la superficie capitalina.

No tengo la Esperanza de que el metro de Madrid llegue a volar, aunque pensándolo bien, la Esperanza nunca se deja ver en el metro a las ocho de la mañana. Esa más bien nos la reservamos para horas más tardías, como por ejemplo a las once, cuando hacemos el parón para tomarnos el café y el bocadillo de tortilla.

No es, muchos días, un plato de buen gusto utilizar el transporte público, pero siempre nos puede quedar el consuelo de pensar que vivimos experiencias que los que van en coche se pierden…¡o no!

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” Nunca se le había ocurrido que el cuerpo de una mujer de cincuenta años, deformado hasta adquirir dimensiones monstruosas a causa de los partos y endurecido, embastecido por el trabajo, pudiera ser un hermoso cuerpo. Pero así era, y después de todo, ¿por qué no? El sólido y deformado cuerpo, como un bloque de granito y la basta piel enrojecida guardaba la misma relación con el cuerpo de una muchacha que un fruto con la flor de su arbol. ¿y por qué va a ser inferior el fruto a la flor?

- Es hermosa-murmuró.
- Por lo menos tiene un metro de caderas-dijo Julia.
- Es su estilo de belleza “.

Autor: George Orwell.
Obra: 1984.

¿Y por qué? me pregunto yo también. :)

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